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Coronación del Gran Stupa de Jangchub Jong
El Señor del Cementerio (Tib: dur khrod dagpo)
Choegyal Rinpoche, acuarela, 40x30cms.


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Hace mucho que comprendimos que la espiritualidad NO es democrática ni popular. SI es absolutamente ecuánime, algo fundamentalmente distinto.

La primera parte creemos es clara. La segunda creemos merece un comentario.
La espiritualidad. En nuestro contexto es la búsqueda de la trascendencia, de la sabiduría, en términos del budismo, de la iluminación. No es religión, psicología o métodos para 'triunfar' en la vida. Ya hemos 'triunfado', no nos damos cuenta porque nuestra mente está cubierta de una cantidad asombrosamente grande de condicionamientos que le impiden ver lo que ya está, la pureza esencial de todo lo que existe.
No es democrática. En una forma de vida donde se privilegia la sabiduría, los valores constructivos, la igualdad esencial de todos los seres, todos los seres NO son iguales. Puede que ya estés pensando ¿Esto es un chiste o qué? Ningún chiste, y se comprende al analizar cada palabra de la aseveración que hacemos. Decimos que los seres son esencialmente iguales, no decimos que en la actualidad lo sean. Todos buscan alcanzar la felicidad, todos buscan evitar el sufrimiento, todos tienen la capacidad intrínseca de lograrlo. Pero por el momento, algunos saben más que otros y han logrado un nivel de realización espiritual por encima de otros. Eso los hace poderosos. Y les confiere responsabilidades y derechos por encima de los que aun no han logrado ese nivel.

Entonces, ¿Por qué en este contexto los maestros no se eligen y actúan democráticamente? Porque los que elegirían no saben lo suficiente todavía, y por lo tanto no pueden evaluar a un maestro. Si lo piensan, es una ilusión más del ego. Y lo que hacen los maestros tampoco puede ser evaluado por los discípulos, por las mismas razones de antes.
Como muy frecuentemente pasa en el campo de lo espiritual, las reglas con que se mueven los practicantes no tienen nada que ver con las reglas del mundo 'normal'. Habitualmente son opuestas. Por ejemplo, este poder de los maestros espirituales genuinos de que hablamos es ejercido para el beneficio de los demás, no para el propio. Compará con el ejercicio habitual del poder de presidentes de países, directores generales de empresas, dueños de casa y similares poderosos habituales y sacá conclusiones.

Otra característica de ese poder espiritual, cuando es genuino, es que no es impuesto a nadie. Los discípulos, voluntariamente, siguen a sus maestros porque reconocen sus cualidades. Los maestros no tienen a sus discípulos como rehenes para su fama y su bolsillo. Compará con las instancias del mundo 'normal'.
Se podría seguir, pero creemos que esto alcanza para orientar la mente en el tema de la 'democracia' con respecto a la dimensión espiritual.


NO es popular. Al respecto recordamos que:

La cantidad de seres es enorme.
De entre ellos, tan sólo unos pocos son seres humanos.
De entre ellos, tan sólo unos pocos cuentan con capacidades físicas y ambientales adecuadas.
De entre ellos, tan sólo unos pocos se dan cuenta de sus limitaciones y su sufrimiento.
De entre ellos, tan sólo unos pocos se dan cuenta que eso es modificable.
De entre ellos, tan sólo unos pocos se interesan por ese cambio a través de su desarrollo interno.
De entre ellos, tan sólo unos pocos encuentran enseñanzas para intentarlo.
De entre ellos, tan sólo unos pocos encuentran un guía calificado que los ayude.
De entre ellos, tan sólo unos pocos practican lo que se les enseña.
De entre ellos, tan sólo unos pocos se liberan.

¿Queda claro ahora por qué no es popular?
Y de nuevo, desde la perspectiva 'normal' se podría pensar en la acepción de popular como 'abierto a todos' y decir que se niega el acceso a los que no cumplen ciertos prerrequisitos de raza, edad, sexo, etc. No es así. Salvo pocas y justificadas excepciones, el acceso lo determina el que quiere acceder, no el maestro. O sea, una vez más, al revés del mundo 'normal'.

Es importante saber que en las tradiciones milenarias nobles como el budismo y algunas otras, la relación maestro-discípulo se basa en una elevadísima verdad: en el maestro han despertado cualidades sublimes que en el discípulo todavía no. Cuando esto sucede ya no hace falta un maestro.

© 2009, Cetepso, Buenos Aires

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