Cetepso

CETEPSO

S.E. Dorzong Rinpoche
Sede del Cetepso en Buenos Aires

Origen:

El Cetepso, Centro de Técnicas Psicológicas de Oriente y Occidente, fue establecido como institución en Buenos Aires, Argentina, en 1982 por la Lic. Susana Solari y el Ing. Mariano Morera.

¿Porqué? Porque para el trabajo que se proponían encarar descubrieron que mucha gente esperaba tratar con una "institución" y no sólo con "personas" De manera que por eso el Cetepso. Para nosotros es un nombre, un logo, una dirección y poco más. Opinamos que en el área de la espiritualidad las instituciones no ayudan. Maestros que actuaron en occidente y creaban instituciones para cumplir con las preferencias locales, antes o después, cuando las cosas empezaban a "institucionalizarse" las disolvían y creaban otras nuevas. Esas estructuras solo proveen seguridades ilusorias, tanto a los que las piden como a los que las forman.

¿Y el nombre? Tal como enseñan los libros de administración de empresas, no elijas un nombre demasiado específico para la empresa. O sea que la "Primera Fábrica de Ruedas para Diligencias Argentinas", que en su momento inicial podría haber parecido muy bueno, en algunos años, ante la desaparición de las diligencias, la globalización y demás se transforma en algo anacrónico, si no confundidor. Un nombre como "Ruedas" presumiblemente hubiera sido más perdurable...Todo esto porque años después de haber imaginado lo del nombre de la institución, hoy decimos que nada de psicología y menos de técnicas. Así que proponemos que uses el acrónimo Cetepso y nos olvidemos de los contenidos...Más se irá aclarando si tenés paciencia para seguir leyendo.

Nuestros objetivos:
Los integrantes del Cetepso se proponen transmitir enseñanzas que recibieron de muchos seres en muchos lugares a lo largo de muchos años. Esencialmente:

Que la vida de cada uno de nosotros puede vivirse significativamente a través de despejar la ignorancia y la confusión de la mente.
Que la espiritualidad y la vida cotidiana no son cosas diferentes.
Que todos podemos lograr lo que admiramos en los grandes maestros espirituales.

Si esto resuena en vos, tal vez lo que sigue lo pueda aclarar un tanto más.

Nuestras convicciones:
1 - La mente habitual, que llamamos 'normal' por ser la que utilizamos la mayor parte del tiempo la inmensa mayoría de nosotros, trabaja en un nivel severamente subóptimo. La mayoría de las tradiciones espirituales coinciden en ello, y se refieren a este nivel con distintos nombres: sueño, ilusión, confusión, ignorancia.

2 - Existen muchos otros niveles de funcionamiento, superiores e inferiores al habitual. Sin embargo, no lo sabemos. O si nos lo contaron, no estamos muy convencidos de que sea así.

3 - Los niveles superiores son alcanzables con entrenamiento. No son algo que se tiene por derecho de nacimiento, o porque alguien nos los concedió.
A los niveles inferiores se llega olvidando lo que se sabe, es decir, incrementando la ignorancia. No recordando. No interesándose. Diciendo que todo siempre fue así, y por lo tanto seguirá siempre siendo así.

4 - Los niveles superiores son experiencias directas, no concepciones intelectuales o creencias en teorías o sistemas. Por ello, la transmisión de estas experiencias a través del lenguaje es necesariamente limitada. Dicho en otras palabras, las experiencias se viven, no se describen.

5 - Tenemos un enorme privilegio, que nos coloca en mejores condiciones que la inmensa mayoría del género humano: estamos vivos, razonablemente bien alimentados y vestidos, tenemos capacidad de aprender, podemos entrar en contacto con guías y enseñanzas de valor, tenemos interés en aproximarnos a ellas (lo que suponemos es así ya que llegaste a leer hasta acá).

6 - Esta situación privilegiada, sugiere varias reflexiones:
Nos damos cuenta de esta situación, es decir no olvidamos lo que somos y donde estamos. Como consecuencia nos ponemos muy contentos.
Reconocemos que si la usamos adecuadamente, permitirá disminuir el nivel de nuestra ignorancia. Como consecuencia directa, disminuirá el nivel de nuestro sufrimiento.
Es impermanente. De manera que no podemos asegurar que en el futuro las condiciones para evolucionar internamente se darán como se dan hoy. Ergo, no perder la oportunidad.
Finalmente, recordamos que los privilegios, entendidos sabiamente, implican responsabilidades y no derechos. En este caso, la responsabilidad de continuar nuestro camino de desarrollo de modo que, en el futuro, estemos en condiciones de beneficiar a los demás.

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© 2009, Cetepso, Buenos Aires